Montessori y la mente absorbente

Montessori y la mente absorbente

El funcionamiento del cerebro humano es extremadamente complejo y asombroso, digno de estudio y admiración en cualquier etapa de la vida. Sin embargo, es durante la infancia (de 0 a 6 años) en que se presenta de un modo absolutamente distinto y maravilloso, indiscutiblemente extraordinario y casi milagroso.

Existe gran diferencia en cuanto al funcionamiento del cerebro adulto frente al del niño en esa primera etapa, y el enfoque Montessori plantea gran parte de su filosofía en base a esa mente maravillosa del niño: mientras los adultos utilizamos nuestra memoria para almacenar datos e información, los niños los adquieren de una manera inconsciente por el simple hecho de vivir.

Ello implica que los mayores precisamos de gran esfuerzo para lograr un buen aprendizaje (que dependerá toda la vida de nuestra memoria) mientras que los pequeños, simplemente a través de su experiencia en el entorno y mediante sus sentidos, interiorizan cada vivencia y directamente pasa a formar parte de ellos mismos, de su personalidad y su ser social.

De ese modo, y a pesar del habitual egocentrismo del adulto, que orgulloso se concede el mérito de los éxitos del niño, podemos decir que en realidad es el pequeño quien construye su propia persona sin que su responsable pueda apenas interferir más allá del ejemplo y la facilitación de un ambiente adecuado y adaptado a sus necesidades.

“El niño es el padre del hombre”

Es en realidad fruto de su naturaleza, de ese proceso interno que su cabecita nos esconde, que guiado como por un maestro interior el niño aprende de una manera espontánea, sin esfuerzos y sin embargo perfecta, habilidades como el movimiento, el habla, las costumbres o comportamientos sociales, entre otras singularidades que le caracterizarán y serán útiles durante el resto de su vida en el entorno y época en que se está desarrollando.

La doctora Montessori, precisamente en una época en que la infravalorada infancia se descuidaba en consecuencia de la desinformación, comprendió y supo dar el valor que corresponde a esta primera etapa tan significativa y crucial gracias a sus estudios y la observación de los niños que ocupaban sus escuelas.

Años después de su investigación, gracias a los avances de la ciencia y a la tecnología que hoy tenemos a nuestro alcance, la neurociencia le da la razón y nos explica que todo es debido a que, durante los 3 primeros años de vida, las neuronas se organizan y crean conexiones (sinapsis) a una velocidad irrepetible. Resulta, pues, la etapa donde el cerebro presenta su máxima plasticidad y en la que se acaba definiendo su estructura anatómica. Maria Montessori lo llamó la mente absorbente inconsciente.

De los 3 a los 6 años, ya en base a esa estructura inicial, el cerebro sigue desarrollándose y adquiriendo habilidades mientras experimenta y perfecciona las ya alcanzadas anteriormente, la doctora lo identificó de igual manera como una mente absorbente, aunque diferenciada por la consciencia que el niño va adquiriendo de una forma paulatina.

Parece realmente inconcebible que a pesar de su legado y la concluyente demostración en términos neurocientíficos, aún hoy en día se le de más importancia a los años de universidad que a los primeros años de vida, pretendamos tomar el control de esos primeros aprendizajes, en cuanto a modo y momento, ignoremos al genio que en realidad se encuentra en el interior  del niño y desaprovechemos triste e inconscientemente ese período tan mágico.

Antes de finalizar, te recuerdo que si quieres saber más sobre el cerebro del niño y su importancia, posiblemente te resulte interesante éste antiguo post 😉

Terminaré citando a la gran Maria Montessori, en un texto que me parece completamente certero y revelador:

“ A este tipo de mente la hemos denominado “Mente Absorbente” y nos resulta difícil concebir la magnitud de sus poderes. ¡Que lástima que se acabe tan pronto! Perder todas estas facultades es el precio que pagamos para adquirir plena conciencia humana, pero es un precio muy alto: De ser dioses pasamos a ser personas. ”

¡Como nos equivocamos al creernos superiores por el simple hecho de ser más grandes! El mejor regalo que podemos hacerles es tomar conciencia de su condición y asumir que es un verdadero privilegio acompañar a los pequeños en su experiencia, un espectáculo digno de hacernos a un lado para simplemente observar y maravillarnos de como la vida y la naturaleza se abre paso ante nuestros ojos, ¿No te parece? 😀

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