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Criar con respeto: De chantajes y besitos

Un día, en una cafetería, le dije a mi abuela que se levantara y le diera un beso a un señor que entraba por la puerta. Me lanzó su mirada más acusadora, puso su mano en la sien (al puro estilo: estás majareta) y muy seria me contestó: ¿Pero tu que estás diciendo? ¿Como le voy a dar yo un beso a un tipo que no conozco de nada? (Ella, que además, es muy recatada XD)

Claro, no pilló el sarcasmo en mi exigencia y casi se ofendió. En realidad, justo el hecho de que no lo entendiera a la primera y se lo tomara en serio, mostrando así su respuesta más natural y sincera, hizo que me sintiera aún más segura de lo que trataba de demostrarle.

Entonces se lo expliqué: ¿Y por qué le insistes tanto a la niña (que no tenía entonces ni 3 años) de que salude con un beso a alguien a quién ella ha dicho ya varias veces que no quiere?

Bueno, ella se defendió alegando que no era lo mismo, porque aquella persona era de la familia, sin profundizar ni entender que para la peque era, de todas formas, casi un desconocido. Así que en fin, no sé si le convencieron del todo mis argumentos… pero había conseguido mi objetivo: que dejara de insistirle a Noa.

Y es que resulta sorprendente la cantidad de situaciones en que los adultos, sin darnos cuenta y casi siempre con buena intención, tratamos de manipular la voluntad de los niños.

Justamente ese típico escenario de saludos y besitos suele presentarse como uno de los más recurrentes a la manipulación bajo el pretexto de que deben aprender normas sociales o simplemente por tratar de evitar una situación embarazosa con una tercera persona. Pero los niños no entienden de “postureo” ni convencionalismos… Ellos son emocionales, transparentes, sinceros. Así que si algo no les apetece o les disgusta, lo dicen o demuestran claramente y chimpum.

El problema es nuestro, de los adultos, que nos cuesta un mundo aceptar su respuesta si no es la que a nosotros nos conviene, así que consciente o inconscientemente abrimos la veda a cualquier tipo de amenazas y chantajes con tal de conseguir nuestro objetivo…

EJEMPLO REAL: Dame un besito o te quito el juguete. (Sí, se dice con una sonrisa, es una broma pero ella no la entiende y dubitativa, casi accede a la petición…)

OTRO EJEMPLO REAL: Yo he escrito a los Reyes Magos, si no me das un besito, el año que viene no les escribo… tus primos tendrán regalos y tu no. (ZASCA 🙁 Y con los Reyes hemos topado ¬¬)

¡Qué exagerada! ¡No es para tanto! Puede que estés pensando… por eso hoy quiero exponer algunas razones por las que este tipo de prácticas en un campo tan íntimo como es el contacto físico resultan inapropiadas e incluso peligrosas aunque, sinceramente, solo el gesto de su cara cuando se encuentra en estas situaciones me da suficientes y contundentes motivos para convencerme de lo inconveniente que resulta:

1) Para ellos es más que un acto social

Para los niños, los besos y abrazos son muestras de amor real, no los dan porque toca sino porque lo sienten ¿Y no es precisamente eso lo que los hace tan especiales? ¿No te parece triste empañar y corromper algo tan natural y sincero?

2) Merecen respeto

No solo porque debería ser nuestra prioridad respetar sus emociones y su forma de ser, sino porque el hecho de hacerlo y acompañarles en su propio camino sin tratar de manipularlo hará que se sientan más seguros de si mismos, confíen en su instinto y aprendan a reconocer y validar sus sensaciones, en lugar de asimilar que lo correcto es esconder lo que sienten para no disgustar a los demás.

3) Su voluntad está en pleno desarrollo

Voluntad: Capacidad humana para decidir con libertad lo que se desea y lo que no.

Es evidente que los niños no nacen con esta capacidad sino que la van adquiriendo a medida que crecen. Justamente cuando su voluntad comienza a abrirse paso es cuando suelen aparecer eso que conocemos como rabietas y/o luchas de poder… ¡Claro! Están descubriendo que pueden decidir por ellos mismos y tienen que entrenar su nueva habilidad, una y otra vez, una y otra vez… (Mientras los papis entrenamos la paciencia una y otra y otra vez xD)

Claro que los adultos queremos que nuestros hijos tomen buenas decisiones y precisamente por el miedo a que se equivoquen a menudo les obligamos, chantajeamos o amenazamos con tal de que decidan hacer lo que nosotros sabemos (o creemos) que es lo más conveniente. Pero, ¿Es realmente esa la manera correcta de favorecer su buena voluntad o simplemente dejamos a un lado su voluntad para imponer la nuestra?

Seguramente lo que más nos gustaría es que nuestro peque se convierta en esa persona capaz de decidir y decir con libertad lo que desea y lo que no, sin sentirse reprimido, ¿verdad? Lo más coherente parece, entonces, acompañarles cuanto nos sea posible en sus decisiones, ¿No crees?

4) Aprenden a poner límites

Si respetamos su decisión a negar un beso o un abrazo aprenden que tienen derecho a decir que NO a algo que no les apetece o que les disgusta en lugar de aceptar el hecho y resignarse por que es lo que toca. Hablamos de besos y abrazos, pero ¿Te gustaría que tu hijo/a no tuviera el valor de demostrar asertivamente que algo les incomoda o molesta cuando, por ejemplo, otro peque le insultara o le pegara y simplemente se conformase?

5) Son dueños de su cuerpo

Al hilo de lo anterior, es de vital importancia que entiendan que su cuerpo es suyo y solo ellos deben decidir sobre él. Si, como padres, obligamos a nuestros hijos a ofrecer muestras de afecto que no sienten en realidad corremos el riesgo de que lleguen a la conclusión de que su cuerpo no les pertenece tanto como parece y de que otras personas tienen también derecho a decidir sobre él. Es por esto que, lamentablemente, pueden resultar niños más expuestos y vulnerables a sufrir un abuso.

6) Merecen nuestra empatía

Sí, el mundo de los niños nada tiene que ver con el de los adultos. Nuestras prioridades son distintas, pensamos diferente y no sentimos igual… de hecho, a menudo lo que para nosotros es una tontería para ellos resulta todo un drama y es por eso que nos cuesta tanto, a veces, empatizar con ellos y sus necesidades.

Sin embargo, merece la pena que hagamos el esfuerzo real de ponernos en su lugar, volver un poco a nuestra infancia e intentar sentir y pensar como lo hacen ellos porque seguro que bajo esa nueva perspectiva nos sentimos más capaces de acompañarles como se merecen.

¿Y los modales?

Sí, en nuestra sociedad darse besos es el saludo más habitual y probablemente tu hijo/a acabará aprendiéndolo e integrándolo en su comportamiento social (no olvides que los adultos somos su ejemplo y si es lo que ve, es lo que previsiblemente repetirá).

Pero si, mientras tanto, niega los besos al llegar a un sitio o despedirse, puede ser una buena idea dialogar y buscar algún otro tipo de saludo con el que se sienta más cómodo/a. Dar un apretón de manos, decir simplemente hola y adiós o incluso mediar de gestos para saludar o besar en la distancia pueden ser un ejemplo de ello.

Por último, en casa nos parece una buena idea simular las situaciones mediante juegos de rol de manera que integre, practique o incluso planee distintas alternativas hasta dar con el modo en que se sienta más cómoda para integrarla y llevarla a cabo de forma más segura en la próxima oportunidad 😀

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