DIY: Frasco de la calma

DIY: El frasco de la calma… ¿Montessori?

De un tiempo a esta parte me da la sensación de que el frasco de la calma está, de forma muy continuada, presente en todos los rincones virtuales vinculados al mundo infantil así que probablemente este material ya te resulte familiar.

De hecho, no son pocos los que además lo atribuyen sin reparos y hasta con descaro al método Montessori, tal vez porque (afortunadamente) es un término que resuena cada vez más en relación con la crianza respetuosa o tal vez porque decir que algo es Montessori es casi un sinónimo de calidad para tus hijos. En cualquier caso creo sinceramente que resulta más un reclamo que una realidad.

No. El bote de la calma no es algo de lo que Maria Montessori hablara concretamente o pudiera tener una opinión ya que en realidad es algo que ha surgido en los últimos años, cuyo origen real desconozco y no he sido capaz de hallar (aunque me encantaría saber, por lo que si tienes una respuesta te la agradeceré :P).

Pero sí, una cosa no quita la otra y reconozco que bien empleado puede ser un recurso que encaja más o menos bien con esta filosofía. Lo preocupante viene cuando el bote se convierte en una herramienta de represión emocional más que de acompañamiento y por ello me parece un tema interesante a tratar.

En esencia, el bote podría formar parte de cualquier conjunto sensorial sin necesidad de ir más allá, como el que hicimos hace ya un tiempo y puedes ver aquí: DIY: Botes sensoriales. 15 ideas. Así pues, como material sensorial ya resulta genial y no hay necesidad de ir más allá si lo que nos gusta es el elemento en si mismo, pero si lo que buscamos es utilizarlo como instrumento para trabajar las emociones y la relajación en los más pequeños me parece realmente importante tener en cuenta varias cuestiones y de ahí surge este post.

USARLO BIEN O USARLO MAL, ESA ES LA CUESTIÓN

En primer lugar conviene tener presente que el frasco de la calma no funciona por si solo, no sirve de nada (o más bien es contraproducente) poner al niño a mirar el tarro cada vez que acontece un conflicto o se encuentra más nervioso de lo habitual y esperar a que se relaje como por arte de magia.

La cosa no funciona así y de hecho es justo ahí donde el frasco muestra su “lado más oscuro”, ya que utilizarlo con esta expectativa puede acabar convirtiéndolo en un recurrente castigo aunque, eso sí, camuflado de recurso respetuoso (como el rincón de pensar).

Aún peor, es probable que el aprendizaje que el niño adquiera de ello es que existen ciertas emociones que no son aceptadas por la sociedad y que por tanto, simplemente debe esperar a que pasen, intentar relajarse y dejarlas escondidas dentro, muy dentro donde no molesten a nadie.

Es más, puede que con el tiempo haya interiorizado tanto esta dinámica que incluso lo haga de manera automática sin apenas darse cuenta y por supuesto, sin necesidad de ningún elemento externo. No hace falta que diga que a nivel emocional esto resultaría un desacierto absoluto con importantes consecuencias que no solo le acompañarán en su niñez sino durante toda su vida.

Como ves, el frasco de la calma puede resultar un arma de doble filo y por eso es importante conocer a fondo sus posibilidades para así utilizarlo de una manera consciente y no simplemente porque está de moda o dicen que funciona genial “contra las rabietas“.

Y tras exponer los potenciales peligros de un uso inadecuado, centrémonos ahora en la parte positiva: sus aplicaciones dentro de un marco real de respeto y acompañamiento 😉

Lo cierto es que puede resultar una herramienta muy útil para tratar de explicar como funcionan nuestras emociones a través de una vistosa representación que podríamos narrarles más o menos así, siempre adaptándolo a su edad:

“Estas partículas de purpurina figuran emociones como la tristeza, la rabia, la frustración, el miedo o la decepción (son solo ejemplos) que a veces sentimos. Puede pasar – agitando la botella – que de repente sean tantas y tan fuertes que se revolucionen y anden tan alborotadas que no nos dejen ni pensar… entonces puede que nos pongamos nerviosos y nuestro comportamiento se vea alterado. Pero si seguimos observando las partículas, nuestras emociones, veremos como poco a poco ocupan de nuevo su lugar hasta hallar su estado natural. Es entonces cuando nuestro interior vuelve a estar en calma y equilibrio.

Esto no significa que simplemente debamos esperar a que “pase la tempestad” sino que debemos aprender a reconocer como nos sentimos, a poner nombre a nuestras emociones, hablar de ellas si es necesario y sobre todo aceptarlas. Admitir que tenemos derecho a sentirnos así pese a que no resulte una experiencia agradable para nosotros o los que nos rodean y ser conscientes de que no nos sentiremos así por siempre, aunque en ese momento pueda parecérnoslo.”

DIY: Frasco de la calma

El frasco de la calma puede resultar también un extraordinario recurso de relajación y meditación al más puro mindfulness si enseñamos a los pequeños a concentrarse en su respiración mientras observan los suaves movimientos en el interior de la botella, del mismo modo que podrían observar la recurrente llama de una vela, por ejemplo. Todo ello ayudará a bajar pulsaciones y a centralizar su sistema nervioso para así llegar a un estado consciente y equilibrado.

Como ves, más allá de que su origen haya sido por inspiración Montessori o más bien por influencias propias del yoga y la meditación, lo cierto es que el frasco de la calma bien empleado es un material en el que vale la pena profundizar ya que puede ayudarnos en el acompañamiento emocional de nuestros hijos así como llevarnos a reflexionar sobre nuestras propias emociones y eso siempre resulta interesante, ¿no crees?

Hay un pequeño cortometraje en el que varios niños mencionan este recurso y hablan sobre la importancia de la respiración… me parece muy bonito además de acertado así que lo dejo a continuación por si quieres echarle un vistazo 😉

¿CÓMO SE HACE UN FRASCO DE LA CALMA?

Es realmente sencillo fabricarlo y además pueden ayudar los más peques de la casa, una excusa más para hacer cosas en familia 😉

A continuación te cuento como hemos hecho la nuestra, bueno seré sincera… ella lo ha hecho todo XD

Necesitaremos

  • Gomina
  • Agua caliente
  • Purpurina del color que queramos (o varias)
  • Un frasco (nosotras empleamos un bote burbuja)

Paso 1: Ponemos gomina en el bote

DIY: Frasco de la calma

Paso 2: Llenamos con agua caliente

DIY: Frasco de la calma

Paso 3: Agitamos hasta que la gomina está disuelta y bien integrada

DIY: Frasco de la calma

Paso 4: Agregamos purpurina al gusto y agitamos bien

DIY: Frasco de la calma

Paso 5: Ya tenemos listo nuestro frasco de la calma

DIY: Frasco de la calma

Nosotras lo hemos integrado en nuestra recién estrenada mesa de la paz aunque más que mesa es un rinconcito XD

Espero sacar tiempo pronto para poder hablarte de este otro genial recurso para la gestión de emociones y conflictos, ya que hablamos del tema 😉

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13 pensamientos en “DIY: El frasco de la calma… ¿Montessori?

    1. Mami Natura

      Hola María Lorena!

      Los materiales del rincón de la paz los compré en una tienda de artículos del hogar. Una caja de madera, una campana con cordel, un portavelas decorado con cuerda, una pieza de madera con forma de corazón, un collar de cuentas de madera y el reloj de arena que es de cristal.

      Como digo todo es comprado, en este caso no es un DIY, y de todas formas la mesa de la paz admite diversidad de elementos que no tienen por qué ser iguales a la mia 🙂

      Espero hablaros pronto de ella!

      Saludos!

      Responder
    1. Mami Natura

      Hola Soraya!

      Si, la verdad es que ellos parecen tener menos paciencia (aunque eso es algo relativo de lo q tmb estaría bien hablar jeje) y recursos para gestionar según que emociones, por eso acompañarlos en este crecimiento interior es una buena idea ya que de hecho, a veces les estamos pidiendo que gestionen como ni nosotros mismos sabemos aún… jeje

      La verdad es que ser padre/madre consciente es una transformación continua, aprendemos mucho mientras les enseñamos 🙂

      Verás como la mesa de la paz es un recurso que te encantará igualmente y muchas veces necesario no solo para los peques sino para toda la familia 🙂

      Saludos!!

      Responder
  1. Eve.

    Hola, mil gracias por compartir este post, es una verdadera muestra de generosidad, tengo la inmensa alegría de tener a mi lado a Marianita de dos años y estoy bastante sorprendida con el manejo que tiene ultimamente de la ira. Esto me viene al pelo, igual es muy chiquita todavía, pero quedará guardado. Felicitaciones por la mesa de la paz, es preciosa!
    Gracias.

    Responder
    1. Mami Natura

      Hola Eve,

      Piensa que con esa edad aunque empiezan a hablar comsiderablemente aún pueden tener dificultades para comunicarse cuando se sienten enfadados o frustrados y entonces sale su instinto más primitivo, pero si les ayudamos a poner palabras a lo q sienten poco a poco aprenderán a exteriorizarlo de maneras menos explosivas 🙂

      Las gominolas aquí son golosinas jejejeje, perdona, se que te refieres a la gomina 🙂 si, ese gel medio pegajoso que se usa para peinar

      Saludos!!

      Responder

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