el cerebro del niño

El cerebro del niño y su valor en los primeros años

Cercanos o no, probablemente todos conozcamos en nuestro entorno casos de enfermedades mentales tales como la depresión o los trastornos de personalidad. Términos que aparecen con, lamentablemente, demasiada frecuencia  en nuestro día a día.  Ésta constante presencia es, entre otras cosas, lo que hace que este tipo de enfermedades sean consideradas como la mayor amenaza social de la actualidad pero, ¿Podemos hacer algo para arreglarlo?

La respuesta es sí. Resulta que todas estas enfermedades psicológicas tienen entre sus factores comunes, uno muy destacable: todas ellas apuntan directamente a las experiencias vividas en la primera infancia, período de grandes cambios y desarrollos en el cerebro, cuyo proceso en formación lo hace susceptible de todo tipo de influencias.

La formación del cerebro

Nuestro caminar erguido y nuestro gran cerebro son dos de las características que más nos diferencian de los animales, características que además influyen en gran medida en lo que respecta a nuestro desarrollo y llegada al mundo: nuestros partos son más dolorosos y peligrosos debido a la estrechez de nuestras caderas, lo que a su vez conlleva el hecho de que nuestro cerebro no pueda formarse completamente en el útero, ya que de hacerlo, el parto natural sería físicamente imposible.

Así pues, nuestra estrategia evolutiva hace que nazcamos inmaduros, de forma prematura, de manera que nuestro cerebro sigue en constante desarrollo aún fuera del vientre materno. De hecho, el cerebro evoluciona y experimenta cambios a lo largo de toda nuestra vida, aunque es en la infancia cuando más modificaciones presenta.

Y dentro de ese importante período que es la infancia, es justo en el inicio (de 0 a 3 años) cuando el cerebro teje nuestras redes internas y realiza conexiones a la mayor velocidad que jamás alcanzará, llegando a doblar su tamaño. En esa primera etapa se desarrollan pues, importantísimos sistemas del cerebro, especialmente los relacionados con el campo emocional y, lejos de crearse de manera automática, estos sistemas y conexiones están condicionados por las experiencias que el bebé percibe de su entorno.

“En los dos primeros años de vida, aunque uno no conserva recuerdos explícitos, se producen recuerdos y asociaciones emocionales profundas en el sistema límbico y otras regiones del cerebro en donde se representan las emociones, y estos recuerdos emocionales pueden determinar el comportamiento de una persona para toda la vida”

Oliver Sacks

Así pues, en la primera infancia los peques aprenden a gestionar las emociones, su cerebro trabaja para lograr un equilibrio emocional y es por esto que resulta de una gran importancia el hecho de que se sientan queridos y protegidos, ya que es en ese momento crucial cuando su cerebro escogerá la vara de medir las emociones y que le acompañará por el resto de su vida.

La memoria del niño

Si piensas en los primeros recuerdos de tu infancia, es probable que tu memoria no comience hasta los 3 años de edad aproximadamente, pero ¿que ha pasado con todas las experiencias anteriores a esa fecha? ¿Alguna vez te has preguntado por que eres incapaz de recordar tus primeros años?

La respuesta nos lleva de nuevo al estado de desarrollo en que se encontraba tu cerebro en esa primera etapa: la mielinización del córtex cerebral, responsable de la memoria explícita y el razonamiento entre otras cosas, finaliza sobre los 2 o 3 años, esto explica por que resulta fisicamente imposible que un niño pueda almacenar recuerdos antes de esa fecha.

Pero, si el niño no va a recordar nada ¿que importancia tienen sus experiencias? Mucha, pues con lo que sí contamos desde el nacimiento es con la memoria implícita, que puede hacer modificar un comportamiento sin necesidad de estar relacionado con un recuerdo.

Un ejemplo muy clarificador: un niño se pone a llorar siempre que va a un centro médico y le atiende alguien con bata blanca aun sin haber comenzado siquiera la exploración… Si no recuerda que las anteriores veces le pincharon e hicieron daño ¿a que se debe su actitud? A la memoria implícita, que hace saltar un estado de alarma frente a las batas blancas. El niño no sabe ni recuerda exactamente el por qué, pero sí sabe que esa situación puede llevarle a una mala experiencia.

Como puedes imaginar, esto es algo sumamente importante en relación con sus vivencias, ya que aun sin recordarlas pueden suponer un cambio en su comportamiento por el resto de su vida y transformarse en fobias o miedos ante determinadas circunstancias.

La importancia del entorno y las experiencias

Es cierto que el cuidado de los peques no es una ciencia exacta y existen infinitos modelos de crianza puesto que cada familia, cada entorno y, sobretodo, cada niño es distinto.

Lo que debemos tener claro es que sea cual sea nuestro estilo de crianza, lo más conveniente en cuanto al favorecimiento del desarrollo cerebral se refiere es evitar, en la medida de lo posible, situaciones protagonizadas por el estrés de forma continuada.

Para ello conviene relativizar, ponernos en el lugar de nuestros bebes para comprender las situaciones que les llevan a tal ansiedad y que frecuentemente tendemos a infravalorar. Por ejemplo, cuando dejamos a un niño en su cuna y salimos de la habitación, nosotros sabemos que está seguro y que si en un momento dado necesita de nuestra atención o cuidados estaremos con él enseguida. Pero esto él no lo sabe. A él le va la vida en ello, no sabe si su cuidador está cerca o lejos, si volverá o definitivamente le ha abandonado, él no sabe si sobrevivirá.

Como adultos (generalmente) hemos aprendido a gestionar el estrés, sabemos como manejar ese tipo de situaciones y qué hacer para calmarnos, sin embargo un bebé no sabe deshacerse de ese exceso de cortisol, desconoce como hacerlo y es por esto la importancia de nuestro acompañamiento.

Puede que sea éticamente cuestionable dejarlos solos en esas circunstancias, pero es que además, resulta que una exposición continuada a través de las semanas o los meses a este tipo de experiencias puede tener efectos muy perjudiciales para su cerebro, entre los que se cuentan el déficit de atención y los problemas de memoria, términos que seguramente reconocerás como comunes en cuanto a la actualidad de nuestros pequeños estudiantes.

Un claro ejemplo es el conocido y cuestionado método Estivill, del que no pretendo hablar dado lo mucho que hay ya escrito respecto a las consecuencias de su aplicación, pero sí te recomiendo, como ampliación, la visualización del video (que dejo en el apartado de links de interés, más abajo) en que Rosa Jové, psicóloga y autora de Dormir sin lágrimas, entre otros libros de crianza, habla sobre el tema con una claridad extraordinaria.

Podría extenderme demasiado (probablemente ya lo he hecho), puesto que este es un tema profundo y de gran complejidad así que trataré de ir finalizando… Pero no puedo hacerlo sin hablarte una vez más de la increíble influencia que podemos llegar a tener sobre la vida de nuestros niños. Influencia tal que puede conducirlos a convertirse en personas optimistas o pesimistas según el tipo de experiencias que predominen en su infancia ya que, como hablábamos antes, su cerebro está en continuo desarrollo y las redes que se tejerán irán tomando una u otra forma en base a si pasa la mayor tiempo de esa etapa en estado de tristeza o felicidad.

Para que te hagas una idea de la importancia de esas redes y la velocidad a la que se forman en el cerebro del niño, aquí tienes una imagen resumen de las conexiones neuronales que el cerebro muestra según la etapa en la que se encuentra. Como ves, la cantidad de asociaciones asciende exponencialmente en esa etapa hasta tejer una red extremadamente compleja. Conviene tener en cuenta que, aunque el conjunto seguirá evolucionando durante el resto de su vida, algunas de esas primeras conexiones no se romperán jamás. De ahí la gran trascendencia de esas primeras vivencias.

cerebro del niño conexiones neuronales

Y dado que las experiencias infantiles vienen determinadas en gran parte por los actos de los adultos que los rodean, resulta un gesto de gran responsabilidad ser conscientes de las posibles consecuencias de nuestra actitud. Solo el conocimiento nos da el poder de tomar decisiones responsables y no hay mayor compromiso que el cuidado de los niños del mundo, los hombres y mujeres del futuro, ¿no te parece?

Links y libros de interés

VIDEO: Rosa Jové resume su libro “Dormir sin lágrimas”

VIDEO: Redes: El cerebro del bebé

LIBRO: Why Love Matters: How Affection Shapes a Baby’s Brain

LIBRO: El cerebro del niño

LIBRO: El cerebro del niño explicado a los padres

LIBRO: Dormir sin lágrimas

LIBRO: Ni rabietas ni conflictos

¡Si te ha gustado, compártelo! 

Y si no quieres perderte nada, síguenos en Instagram y Facebook

facebookpinterest

2 pensamientos en “El cerebro del niño y su valor en los primeros años

  1. Pingback: Montessori y la crianza sobreprotectora | Mami Natura

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

5 × 2 =